CHRYSLER BUILDING
Cuando finalizaron las obras del Edificio
Chrysler, en 1930, casi todo el mundo involucrado en su construcción
sabía que iba a estar destinado a ser un icono de la
gran ciudad. El edificio mide 319 metros y está situado
en el lado este de Manhattan en la intersección de
la calle 42 y la Avenida Lexington. Construido originalmente
por la corporación Chrysler, el edificio es actualmente
copropiedad de TMW Real Estate (75%) y Tishman Speyer Properties
(25%). El edificio Chrysler fue diseñado por William
van Alen para el contratista William H. Reynolds y posteriormente
vendido a Walter P. Chrysler como sede central para su compañía.
Corrían los tiempos de la Gran Depreción
y el sector de la construcción en Nueva York se encontraba
en una ardua competición para construir el rascacielos
más alto del mundo. El edificio Chrysler fue construido
a una media de 4 plantas por semana y ningún trabajador
murió durante su construcción. Apenas antes
de su finalización, el edificio se encontraba igualado
con el de Wall Street 40 de H. Craig Severance, este último
agregó posteriormente dos pies a su edificio y reclamó
el título de edificio más grande del mundo (esta
distinción excluía a las estructuras, tal como
por ejemplo la Torre Eiffel).
Unos meses antes de empezar la construcción,
Van Allen había conseguido en secreto el permiso para
construir una aguja, que finalmente fue realizada dentro del
edificio. La ya mítica aguja de acero inoxidable, Nirosta,
convirtió al Crhysler Building en el edificio más
alto del mundo, privilegio que sólo duraría
medio año, cuando no muy lejos de la zona se levantaría
el gran coloso Empire State Building, arrebatándole
la categoría y record al Chrysler.
El Chrysler Building es un magnífico
ejemplo de la arquitectura Art Deco, muy propagada en esa
época, con el privilegio y la peculiaridad de gozar
una ornamentación distintiva en la construcción
de su torre, basada en los tapacubos usados por aquella época
en los automóviles Chrysler.
El Chrysle Building posee también
un distinguido vestíbulo, que en los comienzos del
edificio conducía a una galería de acceso público
en la parte alta, galería que fue sustituida poco tiempo
después por un restaurante. Los pisos superiores del
edificio son estrechos y pensados más bien al servicio
de una estética exterior. Hoy en día sólo
se encuentran allí emisoras de radio y otros equipamientos
electrónicos.
Las primeras críticas al edificio
fueron un tanto crueles y despectivas, alegando una supuesta
decoración frívola que se apartaba de las leyes
del funcionalismo modernista. Pero, tanto el público
de aquella época como el de hoy día, supieron
admirar y admiran esta joya de la arquitectura que permanecerá
en la historia de la humanidad como uno de los mejores logros
arquitectónicos de todos los tiempos.
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